Los actos de violencia en las fiestas se intensifican cada vez más y no existe una solución para contrarrestarlos. En pandemia, con las restricciones que prohíben este tipo de reuniones, estos actos toman más relevancia, pero no son nuevos, simplemente se visibiliza más un mal que aqueja a nuestra sociedad desde hace décadas.

La psicóloga Gabriela Paula García explica que los episodios de violencia tienen que ver con la frustración, con conductas impulsivas y con modos de resolver las cosas ya aprendidos. “Si vengo de un ambiente violento, generalmente tiendo a copiar esas conductas y creer que son la manera de resolver los conflictos”, remarca.

Por su parte, Cecilia Belén Benito, también psicóloga, considera que la violencia tiene que ver con la liberación de pulsiones, además del hecho de que en las fiestas se consumen estupefacientes y alcohol, sustancias que potencian el carácter y pueden generar un estallido en el sujeto, que no mide sus limites y está fuera de sí.

No obstante aclara que no hay que generalizar la violencia. “Se está naturalizando y es complicado, porque por un lado se trata de erradicar con prevención, pero por el otro los medios la naturalizan todos los días”, opina. “Yo no creo que las fiestas tengan la culpa de la violencia, pero si juntás un grupo de chicos con distintas sustancias, potenciadas por distintas historias de vida y situaciones, nada bueno puede salir de eso”, asevera.

El psicólogo Francisco Javier Viejobueno cuenta que la violencia física como un mecanismo de defensa es un mecanismo primario, de poco desarrollo psicológico. “Al joven, por lo general no se lo escucha, es puesto como un mero consumidor, se le proponen pseudo-arquetipos que no plenifican a la persona, ni le marcan un rumbo de desarrollo. El joven recibe toda esa carga y detrás de eso, vive violencia porque no se lo reconoce en su totalidad. Muchas veces el que es víctima luego reproduce en otros esa violencia”, sostiene.

¿Qué se puede hacer?

La respuesta también es educar. García cuenta que hasta los cinco años se estructura el psiquismo y la base de la personalidad, por lo que es muy importante cómo traten los padres a sus hijos desde incluso la panza.

Benito considera importante estar atento, pensar en la prevención, denunciar y no tomar una posición activa frente a esos actos, no intervenir. “Si ves una situación difícil ándate, llamá, pedí ayuda, no sos débil por pedir ayuda”, anima a los jóvenes. Lo primordial -sigue- es protegerse a uno mismo, no reaccionar con más violencia y resguardarse a uno mismo.

Viejobueno cree que la respuesta es escuchar a nuestros hijos, volver a la educación en valores, a la educación cultural, a la sublimación a través del deporte, la cultura y la espiritualidad. El psicólogo dice que no hay que educar contra la violencia, sino a favor de la persona, reconocida en todas sus dimensiones y en su integralidad.